Marilyn
Al oír el ruido supe que era ella de nuevo. No era la primera noche que la veía desde mi balcón discutir con su marido. Dejé mi cena y apagué las luces. Me acerqué hasta el balcón silenciosamente para observar la escena. Era grotesca. En plena noche de verano, a vista de todo el vecindario, Marylin se mostraba temerosa tras una nueva paliza. El miedo se había instalado en su casa desde hacía mucho. Le miraba desde el suelo intentando sobreponerse a aquello, pero su corazón no le dejaba, había recibido demasiado.
Se sentía humillada por aquel hombre que prometió amarla durante toda su vida. No sólo no le amaba sino que parecía que la odiaba, la tenía que odiar, si no, aquello no tenía sentido. Le miraba sin saber qué había hecho esta vez. Se puso bien su rubio pelo platino, pasando los rizos justo por detrás de sus pequeñas orejas. Él la miraba con la mano en lo alto, preparado para asestar un nuevo golpe que ella esperaba impaciente. Su cara decía que ya no tenía fuerzas para más, que algún día alguno de aquellos golpes sería el último. Sería la única forma de librarse de él. No se movía porque el miedo la paralizó, sólo se atrevía a llorar, era su manera de mostrar dolor. No se atrevió a hablar, eso aceleraría el siguiente golpe.
Las lágrimas se juntaron con la sangre en la comisura de sus labios. Esta vez el golpe había sido certero y había encontrado dos rojos y tiernos labios donde terminar un viaje sin control, lo que provocó un nuevo estallido de dolor. La sangre empezó a fluir. Acostumbraba a pegarle en diferentes lugares para repartir el dolor, pero cuando le quería hacer daño de verdad, cuando quería que le doliera el cuerpo y el alma, entonces atacaba a su cara sin compasión. Así ella tendría que pasear sus golpes por la calle, y a vista de todos caminaría con aquellos moretones, todos se preguntarían lo que le habría sucedido pero rápidamente sabrían qué habría provocado aquello.
Los próximos días estaría en casa sin salir, y mientras él estuviera en el trabajo ella se sentiría segura tras la puerta de su casa, pero viendo con miedo como corrían las agujas del reloj, porque cada minuto, cada segundo que pasara él se encontraría un poco más cerca. La próxima vez le plantaría cara se decía, pero eso tampoco era nuevo, cuando se quedaba sola en casa creía que lo haría, pero cuando él aparecía por la puerta ella perdía la poca fuerza que había podido recuperar. La cena se hallaba repartida por el suelo del comedor de Marylin. Vasos rotos y comida por todas partes, parecía que el menú no era de su agrado. Pero eso era lo de menos, siempre encontraba una excusa para pegarle.
Marylin se movía despacio para no enfurecerle. Su mano se encontró con un cuchillo cuando ella esquibó el penúltimo golpe de él. Había bebido un poco y no asestó el lento puñetazo donde esperaba. Al no impactar contra ella se desequilibró y se fue a parar al suelo. Marylin en su huida pudo agarrar con fuerza aquel cuchillo y sin pensárselo dos veces lanzó una estocada mortal al cuello de su marido. Aquel sí fue un movimiento certero, y el filo del cuchillo penetró sin dificultad de lado a lado del cuello de aquel animal, que empezó a sangrar a borbotones. Había sido su última paliza. Por un momento se mostró triste y mezcló sentimientos por aquel hombre que estaba marchando de su lado. Después se sintió feliz.
Le miró cómo se desangraba sin poder decir nada, el cuchillo le había seccionado las cuerdas vocales. Los pesados borbotones de sangre iban terminando con su vida poco a poco. Se sintió completamente libre. No le importaba lo que le sucediera a partir de aquel momento, eso ya le daba igual. Lo único que quería era volver a vivir la vida como hubo un tiempo en que la vivió. Y mientras se observaban mutuamente, ella le cogió la mano, no quería que él se marchara sin saber que ella también tenía una forma muy especial de quererle.
J. Coltrane
Se sentía humillada por aquel hombre que prometió amarla durante toda su vida. No sólo no le amaba sino que parecía que la odiaba, la tenía que odiar, si no, aquello no tenía sentido. Le miraba sin saber qué había hecho esta vez. Se puso bien su rubio pelo platino, pasando los rizos justo por detrás de sus pequeñas orejas. Él la miraba con la mano en lo alto, preparado para asestar un nuevo golpe que ella esperaba impaciente. Su cara decía que ya no tenía fuerzas para más, que algún día alguno de aquellos golpes sería el último. Sería la única forma de librarse de él. No se movía porque el miedo la paralizó, sólo se atrevía a llorar, era su manera de mostrar dolor. No se atrevió a hablar, eso aceleraría el siguiente golpe.
Las lágrimas se juntaron con la sangre en la comisura de sus labios. Esta vez el golpe había sido certero y había encontrado dos rojos y tiernos labios donde terminar un viaje sin control, lo que provocó un nuevo estallido de dolor. La sangre empezó a fluir. Acostumbraba a pegarle en diferentes lugares para repartir el dolor, pero cuando le quería hacer daño de verdad, cuando quería que le doliera el cuerpo y el alma, entonces atacaba a su cara sin compasión. Así ella tendría que pasear sus golpes por la calle, y a vista de todos caminaría con aquellos moretones, todos se preguntarían lo que le habría sucedido pero rápidamente sabrían qué habría provocado aquello.
Los próximos días estaría en casa sin salir, y mientras él estuviera en el trabajo ella se sentiría segura tras la puerta de su casa, pero viendo con miedo como corrían las agujas del reloj, porque cada minuto, cada segundo que pasara él se encontraría un poco más cerca. La próxima vez le plantaría cara se decía, pero eso tampoco era nuevo, cuando se quedaba sola en casa creía que lo haría, pero cuando él aparecía por la puerta ella perdía la poca fuerza que había podido recuperar. La cena se hallaba repartida por el suelo del comedor de Marylin. Vasos rotos y comida por todas partes, parecía que el menú no era de su agrado. Pero eso era lo de menos, siempre encontraba una excusa para pegarle.
Marylin se movía despacio para no enfurecerle. Su mano se encontró con un cuchillo cuando ella esquibó el penúltimo golpe de él. Había bebido un poco y no asestó el lento puñetazo donde esperaba. Al no impactar contra ella se desequilibró y se fue a parar al suelo. Marylin en su huida pudo agarrar con fuerza aquel cuchillo y sin pensárselo dos veces lanzó una estocada mortal al cuello de su marido. Aquel sí fue un movimiento certero, y el filo del cuchillo penetró sin dificultad de lado a lado del cuello de aquel animal, que empezó a sangrar a borbotones. Había sido su última paliza. Por un momento se mostró triste y mezcló sentimientos por aquel hombre que estaba marchando de su lado. Después se sintió feliz.
Le miró cómo se desangraba sin poder decir nada, el cuchillo le había seccionado las cuerdas vocales. Los pesados borbotones de sangre iban terminando con su vida poco a poco. Se sintió completamente libre. No le importaba lo que le sucediera a partir de aquel momento, eso ya le daba igual. Lo único que quería era volver a vivir la vida como hubo un tiempo en que la vivió. Y mientras se observaban mutuamente, ella le cogió la mano, no quería que él se marchara sin saber que ella también tenía una forma muy especial de quererle.
J. Coltrane
















11 comentarios:
Lo único que quería era volver a vivir la vida como hubo un tiempo en que la vivió. Si algo lamento, es que esta frase nunca se hará realidad para Marilyn, porque le esperan unos cuantos años de cárcel.
Aunque, de hecho, ya los haya pagado con intereses y por adelantado conviviendo en una cárcel a la que llamaba casa (porque a eso no se le puede llamar hogar) con el animal que tenía por marido. No sirven atenuantes. Nadie hizo nada por evitarlo. Marilyn doblemente víctima.
Vaya Historion!, me ha enganchado desde el principio, por lastima que de, es la cruda realidad.
Y yo la he vivido no conmigo,pero si con una persona querida y cercana. "No tan brutal" pero si psicologicamente.
Es asqueroso lo que puede hacer la raza humana a si misma.
muy buena historia.
Saludos
si ahora me entendras por aki enfadandote jajajaja no te kreas pero si me tendras mas seguido saluditos cuidate ketengas un bonito dia!!!
Esto es muy real, seguro que ha pasado en realidad...
Un saludo
Seguro que en la vo la historia no era así.
;)
Sin palabras, estas historias me dejan siempre sin palabras y con una gran impoténcia.
Relataste una historia desgraciadamente muy cotidina y triste.
Besos,
** MARÍA **
Tantas pesadillas que se viven , tantas experiencias terribles regadas por el mundo . Será porque estos dias estoy como un copito de algodon , así de delicada y susceptible . Pero , este relato a anudado aun más el nudo que tengo en la garganta .
Paz/
Como ya dijeron: una cruda realidad.. Creo que deberian ser mas los momentos en donde la mujer se plante delante del hombre y no quite el orgullo que ningun machismo puede quitarle...
Besos amigo coltrane, un placer andar por estos lares!!!
A todos os digo que realmente esta historia, sin serlo, hubiera podido ser tan cierta como las muchas que oímos cada día en las noticias. Por desgracia estas cosas ocurren, no sé si así o de otra manera, pero vamos, eso tampoco es importante... ¿no?
No me importan las críticas que pueda recibir, pero estas mujeres si lo pasan así es porque quieren. Si desde el primer momento en que tu pareja te levanta la voz o te falta el respeto le mandas a la mierda, estas cosas no pasarían. Prefiero vivir en la calle a soportar a un mamarracho.
Impactante, de verdad.
Me has tocado muchas fibras... eso que describes es algo que conozco bien.
Desgraciadamente en este caso, como dice Pimkie, Marilyn será una doble víctima.
Y como dice Kay, pasa porque lo permites. Solo que es mucho más complejo que un simple "permitir".
Es como decimos en México "el valiente vive hasta que el cobarde quiere".
Qué triste. La verdad es que me has dejado en cuasi-shock. Quizá algún día lo comparta en mi blog.
Publicar un comentario en la entrada