jueves 21 de mayo de 2009

Tordas de Cuidado

Y es que aquí no hemos inventado el asunto. No es que aquí seamos raritos (que también), no, si nosotros lo único que hacemos es copiar lo que hacen otros. Porque cuando, y salvando las distancias, Chiki de Gran Hermano va a Malalts de Festa a lucir mini palmito uno se siente medio ridículo pensando qué clase de sujetos/as son los que van a ver a gente así a una discoteca, pagando y sin insultarles ni nada.

Pero claro, entre Chiki, la única "belleza" de Interviú que ha cabido de cuerpo entero en las páginas de la revista, y las tres hermanas Kardashian, hay un diferencia importante; incluso abismal. Y lo mismo digo entre la horterada de Malalts de Festa y la discoteca LIV de Miami Beach, donde todo es lujo y glamour. Pero la verdad es que si hago una transposición a mi suelo patrio me entra cagalera de imaginarme viendo a gente de este nivel en una discoteca, así que prefiero no transpornerme, no sea que con el movimiento me dé un mareo y me caiga de culo por lo que hice ayer noche. De Malalts de Festa no pongo el link para que no vayáis.

Por eso ayer me quedé estupefacto, o sea, de pasta de boniato, cuando la concurrencia se puso a gritar como si estuvieran perdiendo la cabeza al ver que una de las hermanas Kardashian (la del culo, según me dijeron) mostraba su cuerpo serrano desde lo alto de una zona VIP, saludando al respetable con una sonrisa de oreja a oreja y lanzando besos que las gentes recibían con cariño y admiración por un trabajo bien hecho y un vestido bien planchado. También decía cosas desde la altura que no acerté a comprender por varios motivos, pero sobre todo porque mi amiga no vocalizaba suficiente.

Su frase más enigmática con la que cautivó a la afición fue: "uuuuuuuuhhhh", a lo que el gentío, en un acto de originalidad sin precedentes, respondió con un "uuuuuuuuhhhh" de la misma longitud, tamaño y potencia que el de la niña homenajeada. Brutal, casi me meo. Y yo la veía arriba, en todo lo alto, en la cima del mundo, siendo un icoño del choubisnes y me imaginaba en qué estaría pensando la sujeta en cuestión viendo a la borregada sacarle fotos. Porque si yo fuera ella pensaría que hay que ser idiota para venir a ver a alguien como yo, que no sé ni hacer la O con un canuto.

Y es que el trío de hermanas son de esas que no tienen ni oficio ni beneficio, bueno, esto último sí, porque la visita de anoche la cobraron a precio de oro, que no sé a cómo va el kilo de Kardashian, pero dicen que sale caro; fue un huevo seguro. Yo participé de eso consumiendo dos bebidas que, por el precio, tendrían que habérmelas servido ellas mismas. Así que pensé que papá y mamá K deben estar bien contentos con la educación y el dinero invertido en el trío en cuestión.

Y no es que ellas tengan solamente el doble de tamaño que nuestra Chiki de España, no, simplemente es que tienen otro nivel, se saben mover y saber vender el bacalao sin hacer nada en concreto. Y nada es nada, porque dos de las tres hermanas ni salieron de la zona VIP (y suerte que saludaron) y la otra, la gorda (así la llaman las malas lenguas), bajó un rato con dos armarios a su lado a beber un poco de champán y a menear michelín ante la antenta mirada de un público que babeaba a su paso.

Las otras dos, como decía, se quedaron al abrigo de la zona VIP. La una, la del culo (como también llaman las lenguas cortantes de este pueblo) iba saludando y haciendo fotos de vez en cuando, momento en el que me quedé con la idea de que quizás el culo lo tendría grande, pero las tetas eran de escándalo. No sé cómo hace la joven para levar anclas por las mañanas, pero si estaba allá seguro que tiene un truco. Y la tercera hermana en cuestión, de la que desgraciadamente no recibí críticas, es la que sólo vi por detrás y por debajo; la prueba es la foto de más abajo en primicia y exclusiva para Las Crónicas de Metrópolis. Tuvo suerte la niña de llevar una falda tan larga.


Y así, de esta manera, es como bajé hasta los infiernos mientras una música más que decente para los tiempos que corren llenaba nuestros oídos. La anécdota, porque no pasaron de ahí, fueron las hermanitas en cuestión que por no saber no supieron ni gritar, pero visto lo visto, parece que para ser famosa no hace falta saber absolutamente de nada, o eso o es que deben tener unas features fuera del alcance de los demás mortales. Al final, lo que tengo claro después de haber estado en ese antro de vicio y perversión es que las Kardashian estas son unas tordas de mucho cuidado.



J. Coltrane