miércoles 7 de octubre de 2009

San Sergio (y San Baco)

Vaya suerte la mía, quizás es porque Dios es sabio y me lo merezco, quizás porque mis padres estaban de cachondeo allá por 1973 cuando este cuerpo, patrimonio de la humanidad, llegó a la vida en una humilde morada catalana, no sé, pero sea como fuere el tema es que ya es mala suerte que mi santo, San Sergio, haya pasado a la posteridad como un santo de esos que no se tiene muy claro si era un macho romano o más bien perdía aceitillo por las calles de la Roma del gran Marco Aurelio Valerio Maximiano Hercúleo, allá por el siglo III.

Resulta que como hoy es mi santo he pensado que estaría bien saber el porqué alguien hizo santo a otro Sergio hace unos cuantos años. Y alguien dirá: coño, ¿hoy es San Coltrane?, pero no, ni San Coltrane es un santo ni, por suerte, me llamo así fuera de este pequeño mundo virtual que son las Crónicas de Metrópolis. El porqué voy a ser yo santo y mártir lo tengo claro después de la vida de penurias y ayudas al prójimo que llevo a cuestas, siempre dispuesto a ayudar a todo el que se ponga por delante, pero ¿por qué hubo un San Sergio que fue encumbrado hasta el rango de santo y mártir por la, siempre justa y aún más santa, Iglesia Católica?.

Definitivamente la historia no ha sido bondadosa con él debido a que en todas las pinturas y referencias de la época salía siempre junto a otro sujeto, un pesao que no se salía de la foto ni a la de tres; ese era San Baco. Algunos historiadores mantienen que en aquellos entonces, cuando los gays aún no tenían una nomenclatura definida, era muy normal una cierta hermandad entre personas unidas de alguna forma, ya fuera por familia, por el ejército, etc... Pero claro, como hoy tenemos la mente sucia, los vemos juntos y ya creemos que Baco y Sergio eran dos reinas de los mares que se calentaban en aquellas frías noches del invierno romano.

Lo que tenía claro ya antes de saber algo más de mi santo preferido era que a san Sergio, lo que viene a ser un santo de toda la vida, de los de profesión, no le hicieron santo por la patilla o porque tuviera un amiguete en el Senado Romano. Supongo que antes también había mucho enchufado, pero seguro que en tiempos del Imperio Romano no era el cachondeo que es ahora lo que antes fue un Imperio, no, en aquel entonces si te hacían santo y mártir es que te habían hecho putadas hasta cansarse (y matarte).

De lo que el Imperio andaba lleno era de hijos de puta. Sí, porque esto no se inventó hace dos días, no, lo del ser un hijo puta es una ciencia en la que el hombre (y la mujer) lleva inmerso, y estudiando para sacar nota, desde los albores de la humanidad, o sea, que lo llevamos en los genes como llevamos el sexo y el respirar, sin joder al prójimo no es lo mismo. Y como eso es así desde que el hombre es hombre, pues en Roma tres sextercios de lo mismo, así que juntando eso a la feature de la envidia, con la que también venimos de serie, pues acaba pasando que te hacen santo y mártir.

Es que el bueno de Sergio se labró un camino de espinas al ser una de las personas de confianza del Emperador Maximiano, motivo por el cual, sus compañeros de Imperio, hijoputas redomados, le descubrieron ante el emperador, dejándole, en otras palabras, con el culo al aire; y aireando que era un cristiano convencido. Con un par. Y claro, en aquel entonces si uno era cristiano y te pillaban no pasabas de rositas, entonces se pagaba bien caro; te daban por delante y por detrás sólo por ese motivo. El castigo era la tortura seguida de la muerte, sin duda un buen plan.

Dicho y hecho, cuando el emperador se enteró de la noticia le dio la oportunidad a Sergio de que lo desmintiera categóricamente o se atuviera a las consecuencias. Y se atuvo, vamos que si se atuvo, así que consiguió como regalo un paseo de 18 millas con un calzado con pinchos hacia dentro, o sea, el clásico calzado cómodo que todo deportista desea para sus pieses. Con lo que quedó de él tras la carrerita decidieron que mejor no hacerle sufrir, que no valía la pena, pobre, así que sin ni más le cortaron la cabeza. Coño con la democracia romana.

Y si mi santo no terminó la fiesta muy católico que digamos ni os cuento cómo lo hizo su "amigo" Baco. A él dieron hostias hasta en las sandalias y le hicieron la cara tan nueva que lo acabaron matando a golpes, costumbre que parece ser bastante ancestral entre nosotros los supuestamente seres civilizados. Así que parece que ambos santos escribieron un mismo final aunque de distintas maneras. Lo que sí desconozco es si fueron enterrados haciendo la sillita de la reina por aquello de la "amistad" que les unía. Sea como sea, esa es la historia de un santo poco conocido pero importante para algunos de nosotros. Felicidades a los Sergio y, si es que hay alguno, a los Baco.



J. Coltrane

3 comentarios:

Cyllan dijo...

Para variar tu y yo siempre en la contra.
Te voy a explicar mi San Sergio que me mola más que el tuyo:

Nacido en Rostov, combatió a los mongoles en ayuda de Donsloi y fundó el monasterio de Troitskaya Laura. Considerado hombre piadoso, parece ser que en vida realizó numerosos milagros por lo que es uno de los patrones de Rusia.

J. Coltrane dijo...

Sí, sí, lo que tú quieras, pero el santo al que yo me refiero, San Sergio, es el que se celebra el 7 de octubre; el ruso, del que tú hablas, creo que se celebra en septiembre... No son las mismas personas... pero eso sí, compartimos virtudes comunes: piadoso, milagroso y demás... semos demasié!

sergir dijo...

Yo lo celebro el 24 de febrero por lo que el romano o el ruso es uno de los míos. Prefiero el romano que me molan más las túnicas cortas esas que llevaban que no las pieles...